domingo, 24 de agosto de 2014

Feminismo liberador vs. Feminismo doctrinal




¿ Donde está el corte entre el feminismo liberador y el feminismo doctrinal?

Para explicar este corte tenemos que empezar desde Hegel[1] y   la dialéctica del Amo y del Esclavo  . Según el filósofo alemán, el Amo tiene el poder de tomar las decisiones que quiere y disfrutar sus privilegios. No obstante, esta libertad existe gracias al Esclavo que trabaja para el Amo y para sus deseos. El Amo tiene poder gracias al Esclavo. Domina el mundo pero este mundo se produce por el trabajo del Esclavo. En otras palabras, el poder del Amo depende por el esclavo, ya que este último ofrece la base material de este poder. Si el esclavo deja de reconocer su dueño y trabajar por él, el dueño desaparece. El Amo necesita el Esclavo. Pero el Esclavo no necesita al Amo porque tiene la capacidad y el saber de producir y modificar el mundo. Tiene el conocimiento de hacerlo y de hacerse mas fuerte

Sara Harding[2] desarrolló y aplico este ejercicio dialectico a la división de género y la opresión femenina. Según ella (y su “teoría del punto de vista”), la opresión de las mujeres es la cara oculta del estatus de los hombres.  En la sociedad patriarcal, un hombre puede gozar de sus privilegios porque las mujeres se ocupan con todo lo necesario para  estos privilegios. En la vida tradicional, las mujeres se ocupan de las tareas domesticas. Organizan la vida colectiva que permite la existencia de la familia.  Acompañan al hombre en la vida social y así  -en  la lógica dominante- funcionan como signo de su virilidad. Pues, la base del poder masculino es el trabajo material, social y emocional femenino. En la misma línea Nancy Hartshock[3] analiza el papel de las mujeres en el capitalismo patriarcal y argumenta que si el proletariado produce la base material del poder de la clase burguesa, el trabajo femenino (domestico, relacional etc.) produce la base material del poder masculino y en consecuencia tanto del proletariado como de la burguesía. El trabajo femenino permite la existencia y reproducción de la fuerza de trabajo masculina , es decir, produce la base de la base del poder capitalista. En consecuencia, el fundamento último del capitalismo no es la explotación de la clase obrera sino la explotación de las mujeres. Ser mujer permite el contacto el fondo de la explotación capitalista –y el conocimiento respectivo.

La conclusión es que la persona oprimida tiene un saber que el opresor no tiene. Mirar desde abajo ofrece un acceso privilegiado a la verdad.

Es Donna Haraway[4] la autora  que criticó la “teoría del punto de vista” de Harding. Para Haraway , ser oprimido permite pero no garantiza  un acceso privilegiado a la verdad. Argumenta que hay que evitar la idealización de los oprimidos ya que ellos muchas veces son portavoces de lógicas autoritarias y  discriminatorias. El oprimido es la base del poder del Amo,y también puede ser reproductor de su lógica y de su cultura. “Mirar desde abajo no se aprende fácilmente y tampoco deja de acarrear problemas, incluso si  ´nosotras´ habitamos ´naturalmente´ el gran terreno subterráneo de los conocimientos subyugados. Las posiciones de los subyugados no están exentas de re-examen crítico, de descodificación, de deconstrucción ni de interpretación (…) Los puntos de vista de los subyugados no son posiciones inocentes”.

Los puntos de vista de las personas más oprimidas pueden reproducir las lógicas de sus adversarios. El final “ideal” de la dialéctica de Amo y del Esclavo   llega cuando el Esclavo descubre la fuerza de su posición y la dependencia de su dueño. Entonces, puede dejar a trabajar para él, puede dejar de obedecer. Esto conduce a la disolución de su relación jerárquica. Sin embargo, la relación Amo-Esclavo tiene también otras derivas, que son  mucho más frecuentes: El esclavo deja de ser esclavo para convertirse en un nuevo Amo sometiendo a su poder otros seres, otros esclavos. Mejor dicho, puede aprovechar la legitimidad de su rebeldía para convertirla en legitimidad de su autoridad. Por ser sujeto de lucha y de libertad durante su sometimiento, puede crear un nuevo discurso opresor, que aparecerá como discurso del Esclavo liberado. Las opresiones que surgen después de revueltas y revoluciones suelen ejercerse en el nombre de la libertad.

Este es el punto de inflexión: la liberación se convierte en doctrina. Pero la liberación no puede ser doctrina porque es la abolición de toda doctrina, en otras palabras, la apertura de cualquier norma o práctica social al examen crítico. En la lógica de la emancipación, la aceptación de un planteamiento depende de los argumentos respectivos y no puede ser resultado de una  axiomatica. El drama de la causa emancipatoria es precisamente esto: el oprimido o mejor dicho, un sector de los oprimidos, legitimado por sus experiencias y sus luchas, llega a imponer su punto de vista y anular el diálogo público sobre diferentes cuestiones. Aun más, si alguien llega al punto a denunciar la emergencia de estos nuevos Amos “liberadores”, su denuncia enfrenta sus respuestas rabiosas, que le acusan de ser  un seguidor oculto o no oculto del régimen “anterior”.  En las purgas estalinistas, dentro y fuera de la unión soviética, la acusación era muchas veces que el disidente (o cualquier persona o miembro de partido ) llevaba un estilo de vida y hábitos “burgueses”, que su práctica cotidiana traicionaba los principios de la Revolución. Lamentablemente,  los acusados llegaban al punto de aceptar las acusaciones y  la condena –  la muerte. ¿Por qué? Porque su fe a la causa revolucionaria y al partido era tan firme, que les era imposible enfrentarse al pensamiento único -que aparecía, en sus ojos, como pensamiento revolucionario. Y, además, porque la condición humana es siempre muy contradictoria y siempre se pueden encontrar rasgos “burgueses” –o racistas, sexistas etc.- en la vida de cualquiera. En este caso el acusado que se  enfrentaba al Partido   -que encarnaba el Saber absoluto (el acceso privilegiado a la verdad) - giraba su mirada a su interior y encontraba la culpa que le atribuían. El hereje se convertía en culpable.

Después de los párrafos anteriores se puede entender que es el feminismo doctrinal: una deriva autoritaria  de una lucha emancipatoria –no todas las derivas del movimiento son así.  Legitimada por las luchas feministas contra la opresión masculinista, se puede presentar como saber incuestionable y absoluto. Los que se enfrentan a este saber, tendrán que recibir las acusaciones de ser machistas, autoritarios etc, ya que un elemento esencial del esclavo que funciona como nuevo Amo, es    que -se supone que- representa el punto de vista oprimido. De las posibles prácticas opresivas, agresivas y violentas “emancipadoras” mejor ni hablar, si alguien quiere evitar encontrarse en un nuevo purgatorio.

¿Pero porque pasa esto? ¿Por qué algunas de las partes de un movimiento liberador  se vuelve autoritarias?

Alain Badiou hace un paralelismo entre el movimiento comunista y la Iglesia Cristiana para explicar esta deriva: Tanto los primeros cristianos como los comunistas tenían que enfrentarse a un mundo extremamente hostil y luchar hasta la muerte para conseguir mantener viva la causa que defendían. Cuando la guerra es total, la lógica bélica impone sus reglas. En tal marco no hay espacio para muchos cuestionamientos y  discusiones. Cuando el tema es supervivencia o muerte, tienes que evitar el desmoronamiento de tus filas.  Lamentablemente, no ha existido causa emancipadora que ha ganado la guerra sin reproducir prácticas opresivas, sin llegar a producir un nuevo estado de opresión.

En las cuestiones de género y de las luchas feministas, la situación es  similar. Las mujeres experimentan cada día  una  condición de guerra total, con muertes, violaciones, abusos y miedo en las calles.  Los roles de género siguen marcando y limitando la vida. En estas condiciones, la tendencia de producir y re-producir lógicas y prácticas autoritarias dentro del movimiento feminista, emerge como cuestión de supervivencia política e incluso física.  Se podría decir que no es resultado de la maldad o la conducta de unas u otras personas, sino una tendencia que surge  como consecuencia de la opresión y el conflicto - aunque evidentemente cada uno es responsable de sus actos, sobre todo si estos actos son agresivos, opresivos, violentos.

En otras palabras, en los raíces tanto de la f. doctrinal como del f. liberador hay la misma causa: la opresión, la guerra social.  Identificar y denunciar las manifestaciones del f. doctrinal no equivale a abandonar la causa de la emancipación femenina/feminista sino todo lo contrario – en el movimiento obrero la defensa de la causa comunista pasaba muchas veces por la denuncia contra el Partido. Hay que dejarlo claro, hay que dejar claro lo que NO se dice aquí (aunque cada uno puede interpretar lo que quiera para encontrar y aniquilar enemigos imaginarios ya que el enemigo real es mucho mas difícil ):  no se hace crítica al feminismo en general, no se hace crítica a las mujeres y los hombres que trabajan sobre el tema. Hay que  oponerse activamente a las conductas masculinistas, denunciar las agresiones sexuales, promover la autodefensa femenina, criticar los estereotipos rígidos en cuanto a los papeles de género y, al mismo tiempo,  criticar  rotundamente los autoritarismos  que se ejercen   en el nombre de la emancipación…


 Unas aclaraciones finales: resulta curioso que hay personas que  que no aceptan la crítica a los autoritarismos “internos”. O que consideran que esta crítica se puede manifestar sólo con su permiso.  Pues, que sepan que  este permiso no se pedirá nunca. Tampoco las carencias de los portavoces de esta crítica (y del autor de este texto) anulan la imprescindible necesidad de hacerla. Aquí, se ha intentado criticar actitudes, conductas  y situaciones, no personas y grupos concretos. Y estaría bien no olvidar que el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones.


[1] Fenomenología del espíritu (1807)
[2] Rethinking Standpoint Epistemology: What is Strong Objectivity? (1993)
[3] The feminist Standpoint: Developing the Ground for a specifically feminist historical materialism (1983)
[4] Conocimientos Situados: la cuestión científica en el feminismo y el privilegio de la perspectiva parcial (1991)

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