sábado, 6 de septiembre de 2014

Deseo y Patriarcado, Deseo y Dominación.



Unos hombres entran en un bar. Quieren ligar y lo hacen como siempre lo han hecho. Intentando bailar con las chicas, acercándose a ellas, cogiéndolas por la cintura, tocando su cara y su pelo. Muchas de ellas de ellas están molestas, les dicen que las dejen tranquilas. Ellos insisten. En pocas palabras son unos “babosos”. No obstant , hay algunas mujeres que no se molestan.  Los  hombres se comportan  con ellas como siempre.. pero ahora “la cosa funciona”.
 Seguimos con nuestro relato: Pensemos que en un momento las mujeres agredidas, llaman a la policía o al propietario del bar o ...no importa quién. Los hombre se defienden: “no ha pasado nada, aquí es una fiesta, todos bailan con todos. ¿Qué quieren que pasara? ¿Fiesta sin fiesta? Además, ¡algunas chicas se han juntado con nosotros y estaban muy a gusto! Venga, hombre, no pasa nada, todo ha sido normal, cosas de fiestas”.
  Ahora, las chicas que se habían juntado con los acusados, se sienten avergonzadas. Juntarse con un agresor y ceder ante su deseo parece vergonzoso. Están perplejas, porque ellas no   percibieron  lo que vió la mayoría de las mujeres en el bar.

El relato termina aquí. La escena es sencilla, y al mismo tiempo, densa. No es difícil observar que se constituye por varios elementos.

Primero, el deseo del grupo de los hombres. Deseo del hombre conquistador, que aplasta obstáculos, que coge lo que quiere coger, que no para ante los deseos de los otros, que  no negocia. Deseo masculinista, deseo patriarcal, deseo de hombres fuertes y seguros de sí mismos. Autoconfianza, potencia, expansión. Micro-imperialismo que ve los deseos discordantes de los otros como resistencias ilegitimas.

Segundo, el deseo de  las mujeres que están en el bar, que quieren bailar, hablar, comunicar o hacer el amor pero “¿así no!”. Deseo que quiere atraer y, a la vez, mantener la capacidad de elección. Deseo de (dirigido a) hombres, seguros de sí mismos, pero no demasiado seguros. Deseo del deseo del otro, deseo de conquistarse y también conquistar, en el marco de un acuerdo mutuo.

Tercero, el deseo de las mujeres, que su elección es precisamente el deseo patriarcal.  En la conducta típicamente masculina –es decir, masculinista- , ven una fuerza que las seduce, que las hace sentir “femeninas” según los criterios dominantes. Una estrategia  arriesgada: legitimando una condición que te limita en un papel pasivo, aceptas que el otro tenga un control de la situación que puede llegar hasta la dominación.

Cuarto, el deseo de algunos   hombres -no muy "activos" en nuestra escena-  que buscan conquistar y conquistarse, ser fuertes y al mismo tiempo no herir, que buscan combinar la autoconfianza con el respeto de los límites. Quieren ser o mostrarse seguros, pero no demasiado seguros.  Conquistar y negociar al mismo tiempo.

Ahora bien, no nos podemos equivocar mucho: A lo que se refiere al primer “elemento” de la escena, el deseo patriarcal que produce opresión y violencia  puede ser fuente de atracción y de goce  en determinadas ocasiones.. La conducta patriarcal se intenta auto-legitimar a partir de los casos en los que está aceptada y deseada por el otro. (“algunas chicas se han juntado con nosotros y estaban muy a gusto! Venga, hombre, no pasa nada, todo ha sido normal, cosas de fiestas”.) Obviamente, uno de los “errores” del  deseo patriarcal y también de  sus verdades profundas, es que su campaña conquistadora no cede ante las negativas. Aunque  el patriarcado  sea deseado, sigue imponiéndose. Aunque sea aceptado, es siempre opresivo, porque su esencia es que es la voz del Amo , que no negocia, no busca acuerdos, sino el sometimiento voluntario o involuntario.

Si la voz del Amo es repugnante, no es muy complicado entenderla y analizarla: permite privilegios, ofrece comodidades. Por otra parte, está claro que el opresor –y el  hombre patriarcal también - aunque quiera mostrarse seguro, tiene miedo. Está atrapado en la constante necesidad de demostrar su fuerza y su seguridad. Es un ser profundamente frágil y ansioso dada la alta posibilidad de perder el control constante que pretende tener.

Quizás, lo que es más complicado es el deseo de  la sumisión,  de gozar del sometimiento y de la pasividad. La historia de la Dominación y del capitalismo patriarcal no se puede separar  de este problema. El trabajador que está orgulloso por trabajar en una multinacional que le explota, o la protesta anti-feminista de que “hoy en día, no hay hombres de verdad” son manifestaciones de este problema. ¿Miedo por  el conflicto que surge cuando alguien reivindica libertad y autonomía? ¿Incapacidad aprendida de construir otro tipo de relaciones? ¿Identificación con el opresor para salvarse del sentimiento de debilidad e impotencia?

El deseo es siempre el deseo del Otro. Puede conducir a la construcción de mundos comunes basados en deseos entrelazados e interconectados. Puede también conducir a  relaciones asimétricas - a veces basadas en la obediencia que tiene la forma de una elección “libre”.  La esclavitud imperante sobrevive no sólo gracias a sus armas sino también gracias a la voluntad de la gente que, muchas veces, aman, desean y gozan como ella dicta. En diferentes momentos y bajo diferentes formas lo hacemos todos y todas. No hace falta censurarnos ante las posibles “alegrías” que nos ofrece este mundo – la tontería de hacer y decir sólo las cosas que son “políticamente correctas”- pero sí que hace falta estudiar estas alegrías para explorar  posibilidades  de nuevas formas de vida.

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