jueves, 7 de junio de 2018

Repetición enmascarada

                                                                       
1. política

Muchos y muchas han comentado que el nuevo gobierno de españa es progresista, intergeneracional-juvenil, femenista, prometedor. Las nuevas caras han traido esperanzas, que han llegado incluso a las personas mas escépticas. Y de esta manera, fiscales del estado y altos cargos de la Unión Europea se han visto como agentes del cambio...¿Pero los mandos de las estructuras estatales e interestatales, que están en el origen de los problemas que vivimos, pueden mutarse y cambiar algo? 

Nos guste on no, la política oficial  es un aliado de los mercados -las experiencias gubernamentales en la Unión Europea en las últimas decadas lo han mostrado con claridad. En España, socialistas y derecha introdujeron juntos hace años las doctrinas neoliberales (el límite del déficit) en la Constitución. La izquierda institucional aquí suele hacer lo que suele hacer toda la izquierda institucional Europea, lo que hizo también la izquerda “radical” de SYRIZA en Grecia: aplicar los dictámenes de los mercados y ser su aliado político ¿Cómo se puede esperar que este personal político ahora va a servir los intereses sociales?

Pero la política oficial española, aparte de lo mercados, tiene un segundo sostén: Una fijación paranoide crónica sobre la fuerza destructiva de ellos -“a por ellos” . ¿Quienes son ellos? Los tertulianos cada noche en la televisión española repiten: los independentistas, los pro-etaras, los populistas, los radicales. Al fondo quieren decir: los republicanos, a saber, los rojos. La angustia permanente del Estado Español es la resuscitación de la mobilización social  de los 30´ y por eso activa todo tipo de defensas -de violencias- contra todo lo que suena aquella mobilización. El pecado original de la Democracia Española, que es  la legitimación de la represión militar de los movimientos populares y obreros de la segunda República -y de miles de mujeres y hombres que querían llevar la palabra democracia hasta sus últimas consecuencias- se repite cada día mediante la persecución de cualquier disidencia política, ironicamente en el nombre del "Estado de Derecho". El partido socialista, - socialista y monárquico, híbrido extraño- ha pactado con el crímen y parece que  ja es parte de su historia, no de su condena. No sólo formó parte de la transición, sino que,  en los 80´, creó los GAL, y ahora elogia este “Estado de derecho”.  Gracias a estos pactos y elogios, la sangre de la II República se ha invisibilizado.  ¿Qué se puede esperar en este panorama? Res ipsa loquitur, decían los latinos. La cosa habla por sí misma.

2. politica, vida.

Ahora bien, si la gente llega a tener esperanzas por cualquier cosa, es porque el auto-engaño es una constante en nuestras vidas. Los humanos tendemos a ilusionarnos, aunque vivamos cosas que obviamente contradicen nuestra ilusión. La realidad  muestra que el Otro – el gran Otro  puede ser un  gobierno salvador, o qualquier figura que trasciende lo común,  que supuestamente sabe lo que no sabemos y nos puede dar lo que no tenemos- está aquí para repetirse, hacer lo que hacía siempre. Aceptamos  las  promesas de que este Otro nos va a tratar bien, que va a ser protector y cuidador. Y sabemos que eso no va a pasar, pero actúamos como si no lo supieramos. La falsa esperanza se acepta porque es un soplo de aire a la vida cotidiana, y es mas fácil buscar este aire, en lugar de asumir que en la vida y la política no hay nada que esperar de figuras milagrosas. El Otro está aquí para repetirse, quizás con buenas intenciones, pero  no puede escapar de su rol, o mejor dicho, el rol que le hemos dado. Así que lo que ahora se presenta como acontecimiento especial, no es sino una especie de constante retorno.

El momento dramático es cuestión de tiempo: Cuando la ilusión se descompone, empiezan los gritos, que el Otro ha traicionado la confianza depositada en él. Es el  grito del sujeto que se siente engañado, estafado, manipulado. Y aunque parece que se dirige hacía fuera, al fondo, se dirige contra la  propia ingenuidad  de este sujeto como víctima, contra su propia decisión de no ver lo que desde el principio ha sido obvio. ¿Cómo es posible en la vida política o fuera de ella  apegarse y someterse al mismo error , sólo porque ha cambiado las apariencias? No sólo es posible, sino que es lo que pasa mas a menudo. “Mitad víctima, mitad cómplice. Como todo el mundo” escribe el filósofo. Es una manera de sobrevivir, de seguir caminando . En  el mismo circuito, eso sí.


Así las cosas ¿es posible avancar? Lo es, pero desde otra perspectiva. No por la ilusión que genera la repetición cada vez que se disfraza de novedad, sino por el estado doloroso de la frustración que viene después,  y que enseña mucho, ya que las cosas revelan su modo de funcionar cuando fallan. El nuevo Gobierno, efectivamente, puede ser un avance:  lo será por la decepción que provocará y no por sus logros. Porque la acumulación de la frustración puede generar un giro. La desilusión es el momento de un posible (re)conocimiento: muestra que mientras no hay una crítica efectiva del  pasado, mientras no hay catarsis, habrá sólo repeticiones, falsas esperanzas y traiciones. Un pasado no tratado vuelve siempre en el presente bajo la forma de promesas anestesiantes y vacías. Pero en la política y en la vida hay que asumir la desolación de ser huérfano de idealizaciones para poder avanzar de verdad. Reconocer , por fin, que el discurso del gran Otro es siempre un fraude.  Y no es la supuesta inconstancia del Otro el origen del fraude - el Otro no es incostante, es repetitivo.  Es la inseguridad  del sujeto que le cree.

La caida de las expectativas deja una sensación  de desorientacion y al mismo tiempo un sabor de libertad. "Ahora, nada que esperar, nada que perder". No hay el  futuro que soñamos, no lo hay, y nunca lo habrá. Lo que sí que hay es un presente que se debe conquistar. La frustración muestra  que no se puede depender de las promesas del gran Otro, que siempre es huidizo, porque su perfección es imaginada... Conviene detectar las trambas de  las Arcadias felices en todos los campos, desde la política hasta el amor -tarea complicadísima, porque nadie puede vivir sin soñar.  Si se puede creer en el futuro, no es porque una figura excepcional  nos vaya a conducir a ello sino tejiendo complicidades con nuestras y nuestros semejantes, -con el otro no excepcional, digamos el otro con "o" pequeño- personas  radicalmente imperfectas como nosotras/os, y por eso aliados/as reales· menos de un futuro mejor, y más de un aquí y ahora compartido. 

Cuando se toma conciencia de eso, ya algo ha cambiado.

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