domingo, 3 de noviembre de 2013

El conflicto entre lo subjetivo y lo objetivo: solo no se puede




En la vida humana, los otros tienen un rol constitutivo: Sin ellos el  “yo” aparece frágil. No podemos imaginar una persona que ha crecido en el aislamiento absoluto. Se puede decir que  cualquier experiencia se refiere a los otros y nuestra relación con ellos. Los otros –reales o imaginarios- están siempre presentes aunque esta presencia no se vive siempre como positiva. Nuestra capacidad de afrontar condiciones adversas depende de esta presencia y sus características.

Se puede aguantar una experiencia que se vive individualmente si alguien se siente querido y reconocido por  otros significativos. En la vida individual, el sentimiento de estar acompañado incluso cuando los otros reales  no esten presentes es lo que permite sobrevivir psíquicamente  en condiciones extremas.

Algunos psicólogos han hablado de “resiliencia” : la capacidad de afrontar las dificultades y superarlas, la adaptación positiva en contextos de gran adversidad. Este término expresa algo que es más que la “resistencia”. La “resistencia”  en general expresa la  actitud de mantenerse en pie de lucha ante un ataque. Se puede decir que la resiliencia es  el contraataque dialéctico que convierte las condiciones adversas en un terreno de crecimiento personal o colectivo. Ojo: este crecimiento conlleva muchas veces la integración de una o unas pérdidas. Es posible sólo si la perdida se acepta y no provoca desorientación y derrotismo permanentes sino una creación de   nuevos significados y  nuevas prácticas que dan sentido a la vida. En otros términos,  hay que ver la dificultad, la pérdida, la interrupción o el estancamiento de una actividad (y me refiero tanto a lo personal como a lo colectivo) como vivencias que confirman algo sencillo: que la vida no es perfecta, que la vida es lucha. 
 Esta lucha no es  una guerra con  ejércitos convencionales y  batallas a gran escala, con victorias o derrotas según la conquista o la perdida de territorios , el número de bajas etc. Esta lucha tiene más bien la forma de una guerrilla en la que la  flexibilidad y la adaptación en las condiciones objetivas son condiciones vitales para poder  seguir existiendo y luchando. Dicho de otra manera, la vida no es una guerra en la que cuando no ganas pierdes  sino una guerrilla en la que cuando no pierdes ganas.
La experiencia del movimiento Zapatista en la década de los 90 es muy ilustrativa de la cuestión que es permanente en todos los niveles de la existencia humana: el manejo de la contradicción entre lo subjetivo y lo objetivo. En 1992, el movimiento de los indígenas en el sur de México realizó unos primeros ataques militares directos pero después, ante la evidente supremacía del ejército gubernamental, los Zapatistas respondieron politizando y desmilitarizando --hasta cierto punto- el conflicto, y promoviendo intensamente sus alianzas con los movimientos sociales dentro y fuera de Méjico. Con un discurso que expresaba el deseo  no de una  conquista de poder imposible,  sino de la creación de un nuevo mundo desde abajo, consiguieron bloquear  políticamente la ofensiva militar del Estado. Los Zapatistas no renunciaron los objetivos de libertad social y redistribución de la riqueza para los indígenas, la gente de Méjico y de todo el mundo.   Los mantuvieron,  adoptando una estrategia flexible que convirtió en parte la guerra militar en guerra comunicacional. En este segundo terreno se hicieron más fuertes que el estado. Así siguen hasta la actualidad. Lo que es importante destacar que  salieron de la mortífera bipolaridad “victoria total o derrota total” con un estrategia que les daba la oportunidad de seguir trabajando políticamente y ampliando los espacios de su libertad social.
El movimiento avanzó replanteando los significados de los términos “victoria”, “éxito”, “conquista”. Utilizaron todos los medios disponibles e incorporaron en su visión no sólo el conocimiento de los manuales de guerrilla sino también  el feminismo, la ecología o las nuevas tecnologías. La condición militar era aplastante y por eso prefirieron no “resistir” frontalmente, sino retirarse y contraatacar por otros medios.

Volvamos ahora al tema de  la presencia real o imaginaria de los otros como factor decisivo para el manejo de las dificultades, la “resiliencia”, la resolución de la contradicción entre lo subjetivo y lo objetivo. Como en el caso de la guerilla / “guerilla” zapatista,  los recursos necesarios dependen de la activación del Otro como  aliado, que convierte el  problema en problema compartido . La red entre movimientos sociales y Zapatistas hizo que el problema de la opresión de una población de indígenas se transformara  en un problema de la humanidad contra el neoliberalismo. En una nueva concepción de la realidad, la realidad cambia.  El EZLN (Ejército Zapatista de Liberación Nacional) no luchaba contra  el gobierno Mejicano y los movimientos sociales solidarios no luchaban solo para apoyar el EZLN. Más bien  el EZLN se hizo referencia de una batalla mucha más amplia y multidimensional contra los centros de poder mundiales,. De esta manera cuando el ejército estatal  o los paramilitares entraban en una comunidad de indígenas y asesinaban campesinos, la victimas no eran unos “desfavorecidos” sino una parte de un Sujeto más amplio que, por ser más amplio, inter-individual y  colectivo podía integrar estos golpes.
Evidentemente los indígenas seguían expuestos a la violencia de la pobreza y de la opresión. A veces veces el terror era más grande que antes del inicio del conflicto. Pero gracias a la presencia real o imaginaria del Otro como aliado, la experiencia no era la misma. Tal vez los malestares  tenían un sentido que permitía integrarlos y seguir adelante. Si no me equivoco, Alain Badiou escribe en su libro “The Communist Hyphotesis” que la escena de  unas personas discutiendo en una mesa una tarde como cualquiera  adquiere otro significado si se tiene en cuenta que estas personas son militantes que hablan sobre las perspectivas de su actividad política, de una posible huelga etc. La escena ya ha cambiado aunque sea exactamente la misma. Lo cotidiano se ha hecho interesante, creativa, intensa, activo . Estos hombres y mujeres que discuten en la mesa producen una narrativa compleja y densa en la que su posible cansancio, su aburrimiento o tristezas individuales se aceptan y se integran porque son  piezas de un Todo más significativo que ellas.  Aunque evidentemente, la actividad militante o política no es el único medio para crear el sujeto colectivo,  se puede decir que ,en todo caso, el ser y sentirse parte de ello,  contribuir a su creatividad y existencia,  hacen que la vida cotidiana desvele toda su riqueza posible.

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